LA INCOHERENCIA HABLA MÁS ALTO QUE CUALQUIER DISCURSO.

Uncategorized Jun 12, 2026

 

Desde el asiento de atrás hemos escuchado muchos discursos. Hemos escuchado hablar de respeto, de confianza, de trabajo en equipo, de compromiso y de valores. Y la verdad es que nos gusta escuchar esas cosas. Nos gusta pensar que trabajamos para líderes que creen en ellas.

El problema nunca ha sido el discurso. El problema aparece cuando el discurso toma una dirección y las acciones toman otra. Como algunas vedettes de los años setenta, que llevaban la música iba por un lado y los movimientos de ella por otro. 🙈 

No conocemos todas las presiones que enfrenta un líder. No conocemos todos los números ni participamos en todas las conversaciones donde se toman las decisiones. Pero sí vemos lo que ocurre delante de nosotros. Vemos cuando se habla de trabajo en equipo y después se recompensa únicamente a quien se lleva el crédito. Vemos cuando se habla de respeto y alguien es avergonzado delante de todos. Vemos cuando se habla de innovación y el primer error recibe el fuetazo. 

Y cuando eso ocurre, algo cambia dentro de nosotros. No necesariamente dejamos de respetar al líder. Tampoco dejamos de hacer nuestro trabajo. Pero empezamos a escuchar menos las palabras y a prestar más atención a los comportamientos. Es que las acciones tienen una forma muy curiosa -y muy poderosa- de revelar lo que realmente importa. 

Desde el asiento de atrás no esperamos líderes perfectos. Sabemos que son humanos. Sabemos que se equivocan. Sabemos que toman decisiones difíciles. Sabemos que muchas veces tienen información que nosotros no tenemos. Lo que esperamos es algo mucho más simple: coherencia. Necesitamos sentir que existe una relación entre lo que se dice y lo que se hace. Porque cuando ambas cosas caminan juntas aparece la confianza. Y cuando se separan, aparece la duda. 

Con el tiempo hemos descubierto que rara vez recordamos un discurso completo. Lo que sí recordamos son los momentos. Recordamos quién asumió responsabilidad cuando las cosas salieron mal. Recordamos quién cumplió una promesa. Recordamos quién trató a los demás con dignidad incluso cuando nadie estaba mirando. Esos son los momentos que terminan definiendo el liderazgo. 

Desde el asiento de atrás aprendimos que la coherencia no consiste en hacerlo todo bien. Consiste en lograr que las palabras y las acciones cuenten la misma historia. Y cuando eso sucede, no hace falta convencer a nadie.

La confianza llega solita. 

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