
Desde el asiento de atrás aprendimos que la puntualidad nunca ha sido solo un asunto de relojes. Es una de esas pequeñas cosas que, con el tiempo, nos enseñan cómo funciona realmente un equipo.
Cuando alguien nos convoca a una reunión a las nueve de la mañana, organizamos nuestro día para estar allí. Dejamos una tarea a medias, movemos otra reunión, aceleramos un café o salimos antes de casa. Confiamos en que esa hora significa algo para todos. Por eso, cuando esperar se convierte en una costumbre, no solo cambia el horario. Cambia la forma en que empezamos a interpretar las cosas.
Desde el asiento de atrás esas situaciones se notan. Notamos cuando la puntualidad se exige, pero no se practica. Cuando algunos retrasos siempre encuentran una explicación y otros siempre reciben un llamado de atención. Notamos cuando la hora anunciada parece ser solo una sugerencia.
Y poco a poco dejamos de guiarnos por el reloj. Empezamos a guiarnos por la experiencia.
“Si la reunión es a las nueve,...
50% Complete
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua.