
Desde el asiento de atrás aprendimos que las reuniones nunca son solamente reuniones.
Creemos que son espacios para compartir información, tomar decisiones, coordinar esfuerzos o resolver problemas. Y sí, muchas veces cumplen esa función. Pero también cuentan historias. Historias sobre lo que realmente importa. Sobre quién tiene voz. Sobre quién es escuchado. Sobre qué comportamientos se premian y cuáles se castigan.
Por eso, a veces, salimos de una reunión recordando mucho más cómo nos sentimos que lo que se dijo.
Hemos estado en reuniones donde alguien hizo una pregunta y fue tratado como si estuviera diciendo una tontería. También hemos estado en reuniones donde una duda generó una conversación útil para todos. Hemos visto ideas ignoradas cuando las presentó una persona y celebradas minutos después cuando las repitió alguien con más influencia en la sala.
Desde el asiento de atrás esas cosas se notan.
Notamos quién interrumpe constantemente y quién escucha hasta el final. Not...
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